Milicias Cívicas de Santa Clara
MILICIAS CÍVICAS DE SANTA CLARA.
Autor: Carlos Santiago Coll Ruiz.
Especialista Principal.
La apertura del XIX en las colonias españolas de América estuvo matizada por la profundización de las contradicciones colonias-metrópoli; influencias externas allende a los mares e internas del continente determinaron sus tendencias regionales desde la segunda mitad del siglo XVIII; la isla de Cuba no escapa a ellas; determinando su propia fisonomía.
Ilustración y reformas tienen para la gran isla del Caribe un significado especial que condujo a dinamizar la producción azucarera y de otros productos tropicales bajo el influjo "renovador" de una generación de ricos criollos que descolló a finales de la última década del siglo XVIII; su ideología penetraría en el árbol social de la colonia con variadas tendencias que determinaron a la postre el alejamiento del movimiento independentista latinoamericano en las dos etapas en que este se desarrolló: 1808-1815 y 1816-1826. El entramado ideológico determinado por la plantación esclavista retardó en el caso cubano el proceso independentista pasados 42 años de concluido aquellos procesos.
Las marcadas diferencias regionales-económicas-devenidas del proceso expansivo de la plantación esclavista, condujeron a nuclear a las oligarquías establecidas sobre la base de patrones productivos, determinando alianzas de los ricos hacendados. Sus divergencias ideológicas relucen en torno al patrón dominante, donde contradicción colonia-metrópoli y proceso de formación de una nacionalidad se interrelacionaron..
La alineación al movimiento independentista latinoamericano por determinadas tendencias de la oligarquía criolla y sectores medios son abiertamente manifiestas en la II etapa del proceso emancipador (1816-1826), sus aspiraciones son correspondidas por los principales líderes que como Bolivar ven en la independencia de Cuba el fin del colonialismo español en América, sin lo cual la obra emancipadora no es concluyente.
A este segundo período libertador corresponde también la aparición de la ideología independentista contra en el yugo colonial español en Cuba; esta tiene como artífice principal a Félix Varela; el cual es un abierto opositor a una intervención de tropas sudamericanas para alcanzar la independencia de la isla, pues cree que esta debe nacer de su interior y con el esfuerzo de sus propios hijos.
A partir de la década del veinte del siglo XIX tuvo lugar el esplendor de la producción azucarera cubana sobre la base de la explotación intensiva del negro en las grandes plantaciones de caña e ingenios azucareros; un ascenso creciente de las producciones comenzó a materializarse, acrecentando las riquezas de los ricos oligarcas y hacendados cuya ideología solo tenía por base llenar cada vez más cajas de azúcar, principal fuente de su riqueza; esta y no otra fue la razón principal del fracaso de todo intento separatista pues en sus bases estaba la revolución, lo que significaba la pérdida del emporio productivo levantado y la redención de negro. El mundo ideológico que se teje alrededor de la plantación esclavista chocará invariablemente con esta realidad avizorada claramente por el presbítero Varela; frenó el proceso de desarrollo capitalista; haría fracasar cualquier intento anexionista e independentista; dejando sólo espacio para las reformas, hasta donde éstas solo fueran posibles aplicar sin afectar los grandes intereses en la relación establecida entre la colonia y la metrópoli. La historia de la colonia cubana se distinguirá por no romper el equilibrio de los sectores de la oligarquía y hacendados de la isla con la España metropolitana durante más de medio siglo; este en definitiva quedó roto con el estallido revolucionario del 10 de octubre de 1868.
En la década veinte del siglo XIX la expansión azucarera-plantación esclavista-tocó a las puertas de la región de Sagua La Grande por el norte y Cienfuegos por el sur, convirtiendo a éstas en prósperas regiones; quedando Santa Clara atenazada entre estos dos polos con una economía de tipo ganadera y una agricultura que se distinguía por su retraso; poco se diferenciaba Santa Clara de inicios del siglo XIX con la de finales del siglo XVIII.
En este contexto tiene lugar el surgimiento de la Milicias Cívicas, que como institución tienen su origen en el año 1719; harían historia en la defensa de la Habana en 1762, sobre todo las milicias de pardos y negros que se distinguieron en el combate contra el invasor inglés, en aquellos acontecimientos la jurisdicción de Santa Clara había brindado un extraordinario aporte tanto económico como en hombres; ello le valió el reconocimiento de la corona española al concluir aquella contienda. La creación de las Milicias Cívicas es la respuesta organizada del régimen colonial hacia el interior de la isla ante el empuje del movimiento independentista latinoamericano en su segunda etapa-1816-1826- cuyas influencias penetran positivamente en sectores de la sociedad criolla, tanto de la alta sociedad como de la media.
La constitución de las Milicias Cívicas; que también fueron conocidas como Milicias Nacionales Locales o Milicias Urbanas, tiene su aparición en la Villa de Santa Clara el 27 de mayo de 1821, cuando en la reunión ordinaria del Ayuntamiento celebrada ese día, fue presentada la primera lista de los oficiales y soldados de la primera compañía por Juan José Pérez de Prado. Su creación se amparaba en el Artículo 21, Capítulo tercero del Reglamento Provisional para las Milicias Cívicas de la Isla de Cuba.
Las Milicias que fueron organizadas tenían por objetivo defender el sistema establecido en el marco de la relación de estos sectores con la metrópoli española y darle continuidad al sistema de plantación esclavista como orden económico predominante, en tanto fuente de ganancia y sostén para España; dividendos que cubren en gran medida los gastos de los ejércitos realistas en América en su enfrentamiento al movimiento emancipador que se extendió por Latinoamérica.
La seguridad y cuidado del orden interior de la jurisdicción fue expresa para las Milicias Cívicas; según consta en la sesión del Cabildo de Santa Clara de 25 de abril de 1823, se señalaba que ante los robos "….deberá este Ayuntamiento hechar mano de la Milicia Nacional local y de los individuos que se hallen en estado de tomar las armas…."(sic). Era un cuerpo que por lo regular cubría el servicio de la población, realizaba las patrullas y guardias de la cárcel.
El 23 de mayo es analizada en sesión del cabildo la Real Orden de fecha 23 de abril de 1823 relativa a la persecución y exterminio de piratas; estarían a partir de entonces las Milicias Cívicas responsabilizadas con el cuidado de las costas.
La dirección de las Milicias Cívicas recayó en Juan José Pérez de Prado, electo por unanimidad como comandante en la sesión realizada por el cabildo el 22 de marzo de 1822, responsabilidad que ocupó hasta el 2 de febrero de 1823, en que solicita su renuncia; en su lugar fue elegido en esta misma sesión Andrés Díaz de Villegas, además fueron aprobados otros cambios al dejar este último el cargo de capitán de la segunda compañía; el que entonces pasó a ser ocupado por Juan Jova, que con anterioridad detentaba el cargo de segundo teniente de la segunda compañía. Desde su surgimiento Pérez de Prado desplegó una gran actividad en la organización y alistamientos de las diferentes compañías; trabajó por darle cierta disciplina, pero la negativa de los regidores a aprobar la primera compañía presentada por este el 27 de mayo de 1821, crearon indudablemente fricciones. En esa ocasión los regidores no coincidieron en aprobar la lista de oficiales que había presentado; la cual debía ser enviada al gobierno superior para su ratificación o no.
En la sesión ordinaria del Ayuntamiento del 7 de febrero de 1823 se presentó en la Sala Capitular, Andrés Díaz de Villegas, Comandante del Batallón de Milicias; acompañado de Miguel Palacios, primer teniente de la tercera compañía; y Salomé Ledón, sub teniente de la primera compañía para exponer las medidas que serían adoptadas para lograr una mayor incorporación de los habitantes a las milicias, lo cual requería de la aprobación de la institución. Según lo expresado por el comandante, se conminaba a que "dentro de 15 días contados desde la publicación, elijan compañía que tengan baja donde aherirse"(sic). El llamamiento realizado entonces abarcaba a todo el territorio jurisdiccional; se amparaba para ello en el Reglamento Provisional, pues por disposiciones de las Cortes, quedaba estipulado los que serían exceptuados del alistamiento. Después de este llamado por el comandante del Batallón, es presentado en el Cabildo (año 1823) un nuevo listado de incorporados, cuya cifra ascendió a 63 hombres, de los cuales 12 fueron considerados como reservas.
En la obra "Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su jurisdicción", realizada por Manuel Dionisio González, se reconoce por éste que las compañías estaban formadas por "120 hombres cada una"(sic); los listados que se presentaron para su aprobación en el Cabildo de Santa Clara demuestran que solo la primera estuvo compuesta por esa cifra. La segunda y tercera compañías, contaron con más de 120 hombres; la tercera llegó a tener en su composición 184 efectivos, más del doble de lo planteado por Manuel D. González y la de Camarones por debajo de esta cifra, con 62 miembros, lo cual se encuentra en correspondencia con la extensión de esta parroquia. Aunque no se ha definido una cifra total de miembros en las Milicias Cívicas de la jurisdicción de Santa Clara, se puede determinar que éstas contaron con más de mil efectivos. Aún cuando no se ha podido obtener la composición de soldados en las compañías cuarta, quinta, sexta y séptima, la cifra de incorporados ascendió a 661, lo cual asevera la afirmación anterior. El total pudo estar enmarcado en los 1200 integrantes aproximadamente de acuerdo a los documentos con que se cuenta en la actualidad y que pudieron ser rescatados del Acta Capitular, tomo X.
En abril de 1823 se pone fin al régimen constitucional en España; al retornar Fernando VII el absolutismo cobra nuevamente vida; el monarca se aprestó desde su llegada a extirpar el movimiento independentista latinoamericano. En este año tiene lugar en la isla la conspiración Soles y Rayos de Bolívar conectada a este movimiento; a finales del año es conocido un intento de expedición a la Isla de Cuba desde Colombia que en definitivas no llegaría a materializarse. Según consta en la sesión del cabildo de 24 de marzo de 1824, con carácter extraordinario, se trató sobre el "….apresto en Cartagena de Indias de una expedición de diez Buques de Guerra de la República de Colombia con la tropa de transporte para invadir el territorio de esta Provincia que pretenden saquear…."(sic), según lo expuesto ante el auditorio por Joaquín Mariano Casanova, Comandante de Armas, el que hizo referencia a un documento relativo a los preparativos que según él se llevaban a cabo. Una vez más la Villa de Santa Clara dispuso la defensa de la jurisdicción, como antaño lo habían hecho contra los ingleses; en la intervención realizada ante el cabildo Casanova expuso "…que le parecía de necesidad prevenirse a los capitanes de partidos formaran un padrón de todos los hombres útiles que comprenda cada uno de los puntos que se les prevenga"…. (sic). Se encargó a la…."autoridad civil tomar todas las medidas y providencias oportunas a la seguridad y defensa y de acuerdo con lo orientado"… (sic). La jurisdicción fue puesta en pie de guerra, entregándose las armas de la Milicia Cívica a los vecinos de la Villa, los que fueron organizados en dos compañías de infantería con sus oficiales y fue alistada una tercera de caballería; estas medidas tomadas partieron de la propia institución administrativa de lo cual fue informado el Gobernador y Capitán General de la Isla Francisco Dionisio Vives. La invasión nunca sería llevada a cabo, pero dejó como colofón que quedaran organizadas dos compañías de "Voluntarios Reales" con sus cuerpos de oficiales; las que fueron aprobadas en la sesión extraordinaria del 26 de abril de 1824; para su composición habían seleccionados los elementos más conservadores de la jurisdicción, lo cual las diferenciaba de las Milicias Cívicas. A la oligarquía territorial no le había resultado lo suficientemente viable llevar a efecto la defensa de la jurisdicción con las Milicias Cívicas dada su composición heterogénea y falta de preparación militar, de ahí que aplicaran otras alternativas no sujetas a las disposiciones del gobierno superior. En las sesiones que durante el resto del año 1824 se realizaron no se abordó nuevamente lo referido a la presunta invasión colombiana; no existe la certeza de acuerdo al documento expuesto por el Comandante de Armas que tales preparativos se llevaran a cabo, en tanto no se conoce la fuente del documento expuesto por él, tampoco obra en las actas de las sesiones posteriores alguna referencia del mismo. Con el cierre del proceso independentista en 1826, tiene lugar el proceso de extinción de las Milicias Cívicas en la jurisdicción; en este año se destinaron 3 compañías del batallón de expedicionarios de Tarragona a la Villa, adicionada una fuerza de caballería de los Dragones de América y se creó el escuadrón de Voluntarios de Caballería de Villa Clara, que a diferencia de las Milicias Cívicas, contaron con todo el equipamiento necesario.